Los musulmanes se abren a la verdad

autor: Świadectwo

Fragmento de la carta de un lector: “En «Amaos» a menudo describís testimonios de casos de conversiones de gente que profesan otras religiones y las de ateos. Sin embargo, nunca he leído algún caso sobre la conversión de un musulmán o una musulmana. ¿Descubren ellos también a Cristo? Arkadiusz.”

El problema que se plantea en el tema de las conversiones en el mundo musulmán es el siguiente: el Corán prevé la pena capital para los que dejan el islam. Desgraciadamente, esa ley es respetada muy escrupulosamente en el mundo musulmán, así que nadie se siente fuera de peligro. Muchos de los que se convierten al cristianismo tienen que vivir escondidos y la mayoría de ellos no tiene más remedio que emigrar a Occidente, pero allí también viven aterrorizados por sus ex correligionarios. A pesar de todo, es cierto que un gran número de musulmanes deja la religión de Mahoma y elige salvarse a través de la fe en Jesucristo. Siempre ha sido así. Por ejemplo, desde las conquistas árabes, los bereberes de Túnez rechazaron el islam 18 veces, pero mediante sangrientas matanzas los forzaban de nuevo a volver al seno de la “religión de la paz”. En los tiempos de las terribles masacres de población cristiana en Turquía, que tuvieron lugar a comienzos de la Primera Guerra Mundial, perdieron la vida 3 millones de armenios, asirios y griegos, mientras que miles de personas abrazaron la fe en Mahoma sólo para evitar la muerte. Hoy en día sus descendientes se bautizan secretamente, pero a la vez tienen que cambiar de lugar de residencia, al igual que de nombre y de apellido. El “laico” estado turco no pretende defenderlos frente a la venganza prevista por el Corán, por haber dejado el islam. Por lo que sé, el grupo más numeroso de musulmanes que eligieron a Jesús, está compuesto por egipcios. La Iglesia Copta tradicional cuenta con varios millones de confesores y sigue siendo atacada por los islamistas. Esos últimos prenden fuego a las iglesias, roban sus tiendas, secuestran a las chicas cristianas para llevárselas a sus harenes, también las violan. Su martirio, sin embargo, no resulta para nada en vano: hay musulmanes que al ver su fe inquebrantable frente a tal violencia, empiezan a plantearse preguntas del tipo: ¿Es de verdad el islam una religión de paz?  ¿Quién es ese Jesús, que les hace ser capaces de perseverar y perdonar? Como mínimo, unos cuantos miles de musulmanes egipcios han elegido a Jesús. Poniendo en peligro sus vidas, se exponen al rechazo por parte de sus familiares y a las persecuciones del estado egipcio (que aparentemente acepta la libertad de conciencia). Seguramente son más, pero esos miles tuvieron el valor de firmar una carta que iba dirigida al Presidente de Egipto, donde reivindicaban el derecho a confesar una religión que no estuviera en desacuerdo con su conciencia. Según algunos informes, alrededor de unos 10.000 musulmanes egipcios se han convertido al Catolicismo.

 

Un día me llegó el testimonio de un ex profesor de una de las universidades islámicas más prestigiosas (la Universidad Al-Azhar de El Cairo). El hombre, que también trabajaba como imán en Guiza, no podía compaginar su conciencia con la violencia a la que llamaba el Corán y sus fieles seguidores. Conociendo cómo era su praxis, no era capaz de hablar de una “religión de paz”, lo cual hubiera sido políticamente correcto. Después de tocar este tema durante una conferencia, fue llamado por sus superiores y luego despedido por blasfemador. Aquella misma noche fue detenido; unos hombres armados irrumpieron en su casa, lo revolvieron todo y, literalmente, sacaron a aquel “herético” de la cama. 

 

Una prisión egipcia es totalmente distinta de una cárcel occidental. Allí el prisionero muere de hambre, es torturado y lo entregan a merced de las ratas o los perros... Este  profesor fue acusado de haber abandonado el islam, a pesar de que el acusado nunca lo había hecho. Mediante torturas intentaron forzarlo a que  reconociera su apostasía y denunciara al que lo había evangelizado (también se prevé la pena capital por evangelizar). No obstante, el profesor se mostró firme: “No he traicionado al islam. Sólo dije en que creía. Soy científico y filósofo. Tengo derecho a discutir sobre el islam. Debatir forma parte de mi trabajo y, obviamente, es algo propio de la Ciencia en general. Ni en sueños he pensado en dejar el islam. El islam corre en mis venas, es mi cultura, mi lengua, mi familia y mi vida. Si, en cambio, me estáis acusando por lo que estoy diciendo, podéis excluirme del islam. No me interesa seguir en un islam así”.

 

Después de ser cruelmente torturado, el profesor milagrosamente quedó en libertad, pero al cabo de un año se enteró de quién lo había liberado en realidad de la mano de sus verdugos. No podía seguir más en las tinieblas y reconoció que Jesús era su Señor. Poco después, dos islamistas lo atacaron intentando apuñalarlo, pero no tuvieron éxito. Cuando, después de lo ocurrido, le contó a su padre lo de su nueva fe, este sacó una pistola y se puso a dispararle. Gracias a Dios no acertó, pero desde aquel momento su hijo converso tuvo que marcharse de Egipto.

 

Este caso, desgraciadamente, no es un caso aislado. A veces los musulmanes empiezan a observar contradicciones en el Corán, al igual que cuando se dan cuenta del conflicto fundamental entre el mandamiento coránico de llevar a cabo la Guerra Santa y su propia conciencia. El Corán incluso fuerza a cada musulmán a participar en la Yihad: “Y cuando tengáis un encuentro con los que se niegan a creer, golpeadlos en la nuca” (sura 47: 4); “Y si se desentienden, atrapadlos y matadlos donde quiera que los encontréis” (sura 4: 89); “Se os ha prescrito combatir, aunque os sea odioso” (sura 2: 216). De acuerdo con el Corán, si la conciencia se opone al islam, hay que acallarla. Sin embargo, los que oyen esa voz, normalmente abandonan su credo. Dios no los deja solos y les envía cristianos listos para pregonar la Buena Nueva sobre Jesús. Me limitaré a dar tan sólo un par de ejemplos. Walid, un árabe de Israel nacido en Belén, recordaba que los estudiantes de la Escuela Superior de Belén que estudiaban el islam hicieron a un profesor esta pregunta: “¿Podrá un musulmán violar a mujeres israelíes cuando los judíos estén vencidos?”. El profesor les contestó: “Las mujeres conquistadas en la lucha no tienen otra opción: son esclavas y tienen que someterse a sus nuevos dueños. El sexo con una esclava no es nada de qué hablar”. De hecho, este punto de vista concuerda con el Corán, donde se dice: “Os están prohibidas las mujeres casadas, excepto las que sean conquistadas como esclavas: así es la ley de Alá para vosotros” (sura 4: 20). En otro fragmento leemos: “¡Profeta! Te hacemos lícitas tus esposas, a las que diste sus correspondientes dotes, y las que tu diestra posea entre las que Alá te haya dado como botín; y las hijas de tus tíos maternos y las de tus tías maternas que hayan emigrado contigo, y cualquier mujer creyente que se ofrezca al Profeta, si el Profeta quiere tomar en matrimonio [...]. Para que no haya falta sobre ti. Y Alá es Perdonador, Compasivo” (sura 33: 50).

 

Mahoma se aprovechaba de este Ley, pues tenía 14 esposas y esclavas conquistadas en sus luchas victoriosas. En realidad, no sabemos cuántas mujeres tuvo. Los estudiosos siempre han discutido el tema. Es sabido que Zaid, el hijo adoptivo de Mahoma, tuvo una mujer que luego pasó a ser esposa de su padrastro. Alá anunció que ella tenía que pertenecer al Profeta. Otras mujeres suyas fueron judías, que se convirtieron en esclavas después de que Mahoma matara a sus esposos e hijos. Walid se desvivía por la idea de que un día se cumpliera la profecía de Mahoma sobre una gran batalla, gracias a la cual la Tierra Santa sería conquistada y se mataría a todos los judíos. En los Hadices, encontramos estas palabras: “No llegará el último día antes de que la tribu musulmana no venciera a la tribu judía” (Abu Huraira, Sahi Muslim, hadiz 6985, ed. Sahih al-Bukhari, t. 4, pág. 177). Cuando le preguntaron a Mahoma dónde pasaría todo eso, contestó: “En Jerusalén y en tierras cercanas”. Por eso Walid mismo participó activamente en la Yihad, creyendo que podría coronarse con una victoria o con su martirio. En el islam, el martirio es la única manera de garantizarse la salvación y la vida en el cielo. Alá, al igual que su profeta Mahoma, lo prometieron en el Corán (3: 169). Walid tomó a Hitler como ejemplo, quien en un momento dado había causado la muerte del número más grande de judíos. Walid se convirtió en un terrorista sólo porque el Corán le atemorizaba con sus visiones del infierno y de terribles castigos. Podía evitarlos uniéndose a la Yihad. Afortunadamente, le llegó un libro a las manos que le despertó las ganas de leer la Biblia. Dios lo guió en la lectura, mostrándole profecías que se habían cumplido sin falta alguna. Luego, Walid empezó a comprender que la fuente de los problemas humanos era el pecado y que el peor enemigo del ser humano no eran los judíos, sino el diablo. Hoy en día, miles de musulmanes se desviven por la misma idea enfermiza de expulsar a los judíos de Tierra Santa, como Mahoma había hecho con ellos en Arabia. De hecho, esto de permitir matar a los judíos y a los cristianos, al igual que consentir que sus esposas se convirtieran en concubinas de otros, está arraigado en el “Santo Corán” musulmán y es la base del odio de los musulmanes hacia los judíos hoy en día. Cuando Walid conoció la verdad sobre Jesucristo, vio el islam bajo otra luz y ya no pudo seguir siendo más tiempo fiel a la religión de Mahoma. Pasado algún tiempo, se enteró de que su madre había recibido el bautizo y que rezaba por él. Tuvo que mantenerlo en secreto para poder sobrevivir...

 

Otro ejemplo es el de Abdul, de Arabia Saudí. Es sabido que en ese país está prohibido llevar y ostentar símbolos cristianos. Tampoco se puede tener una Biblia y organizar reuniones para celebrar rezos, en el caso de que no sean dirigidos a Alá. Incluso felicitar a alguien por la Navidad puede suponer la prisión. Por hablar con un musulmán sobre Jesucristo se puede condenar a la pena capital. En unas condiciones así, Abdul no podía hablar con nadie de Jesús. Por eso, Jesús mismo se le apareció durante la noche y le dijo: “Hijo, Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Si me ofreces tu vida y me sigues, te salvaré del infierno“. Después de lo sucedido, Dios condujo a Abdul hasta un copto que vivía en Arabia Saudí. Se hicieron amigos y el saudita recibió de él un ejemplar de la Biblia. Al leerla, decidió elegir a Jesús y servirle. La policía se enteró inmediatamente. Probablemente fue algún familiar quien lo delató. Abdul fue llevado a la cárcel y torturado. También intentaron forzarlo para que volviera al islam. Cuando se negó a hacerlo, le comunicaron el día y la hora de su ejecución. Lo iban a decapitar, pero en vez de matarlo, lo pusieron en libertad.

 

Según varias fuentes, más o menos fidedignas, el número de musulmanes que dejan la religión coránica y escogen a Jesús, llega a unos miles o hasta unos cientos de miles de personas al año. Donde más conversiones hay es en Europa y América, donde los musulmanes no están tan oprimidos por la tradición, la cultura y las relaciones familiares. Los estados donde viven tampoco aplican represalias coránicas frente a los “apóstatas”. Sin embargo, incluso en esos países, los cristianos conversos no están a salvo, porque los islamistas partidarios de la “Yihad universal” también están presentes en Occidente, donde, sin que se les ponga grandes obstáculos, pueden aterrorizar o incluso matar a los recién convertidos. Las sociedades occidentales no están acostumbradas a que se pueda castigar a alguien por sus creencias y por su fe. Por eso miles de nuestros correligionarios, que han recibido el Bautismo en Inglaterra, Francia o Alemania, se esconden y temen continuamente a que se les castigue con la muerte, por haber tomado esa decisión.

 

Recemos por ellos y, sobre todo, por aquellos que guiados por su fervor religioso y por el miedo al infierno, luchan contra su propia conciencia, contra la cristiandad y contra ese Dios que aceptó morir en la cruz, amando a cada una y cada uno de nosotros.

 

Abd Jasu

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